Los datos de caída de registros son elocuentes. Los aporta Coexphal. El agricultor de aquí, español, comunitario, europeo, en definitiva, el agricultor de la Unión Europea se queda sin fitosanitarios para combatir plagas y enfermedades.
La farmacia es cada vez más pequeña. Tras el Covid se han perdido 76 materias activas y ningún alta nueva. Insuficientes son las 20 materias activas que se han renovado.
El único resquicio se supone que serían las nuevas materias de origen biológico que entrarían en el mercado. Pero no. Los números no salen. En los últimos años se han aprobado 13 materias de origen biológico, pero se han cancelado más, hasta un total de 21 registros.
Así que da igual, ya se trate de química de síntesis o de fitosanitarios biológicos, en ambos casos la botica del agricultor mengua cada vez más.
Sin embargo, en países terceros ocurre lo contrario. Es el doble rasero de la política de Bruselas.
Al productor español y europeo se le deja sin herramientas, mientras que Europa abre sus fronteras a importaciones con otras reglas de juego.





