Después de la tractora de ayer en la capital de España, pasamos reproducir la tabla reivindicativa presentada ante la sede del Ministerio. Otros medios se han hecho eco del sonido de los claxon, han retratado las numerosas pancartas que han recorrido desde la plaza de Colón hasta Atocha, a las puertas del Ministerio, o han entrevistado a agricultores y ganaderos venidos de las distintas regiones de España. Pero desde El Agro Auténtico vamos a ir un paso más allá reproduciendo íntegro el escrito presentado ante sede ministerial por parte de los organizadores, Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos y Unaspi.

Tractora por el sector agrario. 11 de febrero de 2026
Las explotaciones agrarias y ganaderas afrontan desde hace tiempo una combinación difícil de sostener. Por un lado, se enfrentan a costes de producción crecientes, desde el inicio de la guerra en Ucrania, que no se ven compensados por los precios percibidos. A esto se suma una presión regulatoria cada vez mayor.
Esto, sumando a acuerdos comerciales promovidos por la Unión Europea, como los de Mercosur, aún en proceso de su aprobación definitiva, o Marruecos, que introducen competencia sin reciprocidad en normas sanitarias, ambientales y laborales.
Asimismo, las propuestas de reforma de la Política Agrícola Común y del Marco Financiero Plurianual de cara a 2028-2034, que, de prosperar, podrían suponer un recorte del 22%, suponiendo una bajada de la renta agraria, menos recursos y más incertidumbre para quienes producen alimentos y para quienes los consumen.
Para el sector ganadero, donde la brecha de precios tradicionalmente había sido menor, la situación se está haciendo también insostenible por las continuas enfermedades, como la peste porcina africana (PPA), la influenza aviar o la Dermatosis Nodular Contagiosa (DNC), que están teniendo un grave impacto en nuestras económicas.
Unión de Uniones y Unaspi alertan que, además, todo esto lo único que provoca es que el escaso relevo generacional que pueda estar habiendo, se paralice: no es viable una incorporación sin rentabilidad, estabilidad ni perspectivas de futuro.
Además, las consecuencias de estos problemas no sólo afectan al agricultor o el ganadero, sino que acaban trasladándose al consumidor, pierde la economía local y al medio rural, así como de forma general, suponiendo una pérdida de autonomía alimentaria y seguridad alimentaria.

1. Rechazo al acuerdo UE-MERCOSUR: No al sacrificio de nuestra agricultura y nuestra ganadería
En los últimos años, el sector agrario europeo está sufriendo siendo objeto de una desprotección sin precedentes en el ámbito comercial. Los acuerdos de libre comercio impulsados por la Unión Europea con otros países están utilizando al sector agrario europeo como moneda de cambio para que otros sectores ganen acceso a nuevos mercados a su costa.
Entre otros, se dan los acuerdos comerciales con Marruecos, EEUU… pero el principal ejemplo de ello es el acuerdo UE-MERCOSUR, donde los principales sectores europeos beneficiados se encuentran en el sector industrial o servicios, mientras que en el bloque MERCOSUR se ve beneficiado en el sector primario.
Una liberalización del comercio agrario, cuando las diferencias productivas, así como las normas sanitarias, ambientales y laborales son tan grandes entre ambos bloques, sólo ponen al sector europeo en desventaja competitiva, y supone un acto hipócrita por parte de las instituciones europeas, que con una mano exigen a los productores de alimentos europeos los más altos estándares en numerosos ámbitos, mientras que con la otra permiten e incentivan el consumo de esos mismos alimentos producidos con estándares más bajos.
Por ello Unión de Uniones y Unaspi exigen a las instituciones europeas su posicionamiento en contra de este acuerdo y la paralización inmediata de su tramitación, y:
No más tratados comerciales sin evaluación de impacto ni compensaciones.
Si no hay cláusulas espejo y controles rigurosos, no es comercio: es competencia desleal.
La soberanía y la seguridad alimentaria de nuestras familias no se negocian, se protegen en la frontera.

2. Rechazo al recorte del 20% de las ayudas en la futura PAC
Si bien queda aún un largo proceso que acabe definiendo el Marco Financiero Plurianual y la PAC para el periodo 2028-2034, los primeros pasos se están dirigiendo hacia un cambio radical de prioridades que, como en anteriores periodos pero de forma más acusada, impongan un recorte presupuestario que, por ahora, se estima en un 20%.
Este recorte iría unido a una nueva configuración de los fondos y mecánica presupuestaria que pone en riesgo la descomposición de la PAC frente a otras ambiciones políticas y al abandono político de la agricultura, la ganadería y el medio rural
Así Unión de Uniones y Unaspi reclaman una Política Agrícola Común fuerte, común y bien presupuestada que respete sus principios fundacionales: productividad, rentas dignas y estabilidad de los mercados y que no generen más exigencias ambientales injustificadas y sin compensación y más burocracia.
3. Costes disparados y precios hundidos: el campo no aguanta más
Desde la invasión en 2022 de Rusia a Ucrania se desató una crisis de costes de producción en el sector agrario inédita, que, si bien se ha atenuado, mantiene, a día de hoy, unos niveles que implican una amenaza a la rentabilidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas.
Por otro lado, y pese a la reforma de la legislación en materia de cadena alimentaria, el sector a día de hoy no ha sido dotado con mecanismos que de forma efectiva le otorguen un verdadero poder de negociación para alcanzar precios justos por el trabajo del agricultor y ganadero.
Por ello, Unión de Uniones y Unaspi denuncian:
Producimos a pérdidas mientras otros hacen negocio.
Precios justos en origen para garantizar alimentos asequibles al consumidor.
Sin agricultura y ganadería rentables no hay medio rural ni medioambiente.
Y reclaman:
Cumplimiento de la Ley: precios siempre por encima de los costes de producción.
4. Emergencia sanitaria en la ganadería
Desde el punto de vista de la sanidad animal, el sector ganadero se enfrenta prácticamente desde hace 5 años, a una situación sin precedentes, de irrupción de enfermedades nuevas, ya erradicadas o en variantes de mayor gravedad.
Asumida la presencia de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica y sus daños, el sector vacuno se ha enfrentado en 2025 a una nueva enfermedad, la Dermatosis Nodular Contagiosa (DNC), cuya lucha provoca restricciones más graves para quien se enfrenta a ella.
Todo ello bajo el trasfondo de la gestión de la tuberculosis bovina para la cual se reclama desde hace años la puesta al día y revisión de sus protocolos.
Asimismo, el sector ovino ha vivido en los últimos años la irrupción de nuevos serotipos, de mayor gravedad, de forma simultánea, que, junto con deficiencias en la gestión de la enfermedad, ha sumido al sector en graves pérdidas y nuevas trabas para su viabilidad.
En porcino, la irrupción de la Peste Porcina Africana, además del grave golpe para la comarca afectada por el foco en jabalí, ha supuesto una caída del mercado que se traduce en una amenaza para la coyuntura económica de los ganaderos de porcino. Algo que ocurre de forma similar en avícola ante los focos de influenza aviar, donde la gestión de las autoridades competentes está generando perjuicios a los avicultores totalmente evitables.
En este sentido, Unión de Uniones y Unaspi reclaman:
Emergencia sanitaria en la ganadería: basta de parches
Falsos positivos, sacrificios, inmovilizaciones…
Tan perjudicial es la enfermedad como los protocolos sanitarios. Hay que cambiarlos.
Más prevención y vacunación, con recursos suficientes y coordinación de las administraciones.
Menos improvisación y más apoyo real al ganadero.
5. Sin rentas dignas, los jóvenes huyen del campo
En este contexto, y sin olvidar que los ingresos medios que se están consiguiendo en el sector agrario y ganadero quedan muy por debajo de los salarios medios del resto de la economía, se hace impensable revertir el grave problema del relevo generacional en el sector agrario al que se enfrenta, no sólo el propio sector, sino el conjunto de la sociedad de cara a asegurar la autonomía alimentaria con la que ahora contamos.
Así, desde Unión de Uniones y Unaspi se alerta de que:
Cada joven que se va, se cierra una explotación.
Cada explotación que se cierra es un paso más hacia un pueblo que se vacía.
Las carencias de nuestros pueblos en servicios e infraestructuras esenciales: sanidad, educación, comunicaciones y cultura, limitan cualquier posibilidad de permanencia.
Por ello, exigen:
Ayudas eficaces, precios rentables, reconocimiento social y dignidad para los jóvenes agrarios.
Estabilidad de los mercados y una PAC imprescindible para el relevo generacional en el sector agrario.






