Europa vende su agricultura como moneda de cambio en Mercosur. Bruselas cierra los ojos ante las protestas del campo europeo. Bruselas mira hacia otro lado y olvida los intereses de sus productores. ¿Continúo? Podría rellenar el tiempo con titulares similares que se resumen en uno solo: las instituciones europeas ignoran a sus agricultores y Ursula se prepara para firmar el acuerdo con Mercosur el próximo 17 de enero.
La no política está logrando crear un sentimiento que ni los fundadores del proyecto comunitario en los años 50 creyeron posible: crear un sentimiento de pertenencia entre los agricultores europeos. Un agricultor español empatiza viendo las manifestaciones de los agricultores franceses. Un productor francés empatiza viendo imágenes de tractores saliendo a las calles en lugares tan distantes como Polonia o Grecia. Un agricultor gallego confraterniza con uno de Cataluña que dice no al Mercosur. Son solo algunos ejemplos. Lo que une es el amor al campo, no la falsa política. Desde diciembre se suceden las protestas agrícolas en la práctica totalidad de países miembros de la Unión Europea, y son las redes sociales las que canalizan en vídeos e imágenes ese rotundo no al acuerdo del Mercosur. La televisión está apagada.
La élite política europea entierra la soberanía alimentaria. Primero con el norte de África y ahora con Sudamérica. Dependientes de terceros para alimentarnos. La cesta de la compra seguirá subiendo y los expertos de las teles dirán que es por efecto de la inflación. Bla, bla, bla.






